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¿Estás despierto?

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Rodrigo Soto Moreno

Deambulamos en este mundo sin considerar que dentro de nuestro organismo se albergan alrededor de 37.2 billones de células, además de contar con un órgano rector, el cerebro, que pesa aproximadamente 1.5 kilogramos, con 2% de la masa corporal pero consumiendo 20% de la energía del cuerpo.

Dentro de esa caja cerebral contamos con 100 mil millones de neuronas, con 100 millones de millones de conexiones, según datos del investigador Carl Zimmer, descrito en su artículo “100 Trillion Connections: New Efforts Probe and Map the Brain´s Detailed Architecture” publicado en Scientific American; en ese lugar, el cerebro, podemos almacenar 3.5 petabytes (1 peta byte es un 1 seguido de 15 ceros, es decir 1,000,000,000,000,000) y podemos realizar operaciones de 2.2 mil millones de megaflops (1 megaflop equivale a 1 millón de operaciones por segundo), de acuerdo a datos de Mark Fischetti y Jen Christiansen cuando hacen un análisis del poder computacional versus el poder de procesamiento del cerebro.

Hace aproximadamente unos 375 millones de años, como lo describe Carl Zimmer en su artículo “Researchers Find Fish That Walks the Way Land Vertebrates Do” y publicado en The New York Times, nuestros ancestros emergieron del agua, evolucionando posteriormente en anfibios y toda la cadena evolutiva conducente, hasta llegar a los primates, a los homínidos y posteriormente al Sapiens que se supone vemos en el espejo todas las mañanas.

Ante todo esto me maravillo al imaginar el número de iteraciones y errores que se produjeron para ir perfeccionando las mutaciones en las especies en líneas y linajes aparentemente ininterrumpidos, donde los códigos genéticos y, como sabemos ahora gracias a Dawkins, los códigos meméticos jugaron un papel esencial para que las primeras células cooperaran y trabajarán en simbiosis y en endosimbiosos como nos dice Nick Lane, para seguir abriendo camino a la evolución de Darwin.

En este punto vale la pena comentar en relación a un libro que estoy leyendo titulado: “The Vital Question” de Nick Lane, en donde en palabras del autor nos dice que existe un hoyo negro en el corazón de la biología, pues no se tiene totalmente claro cuáles fueron las fuerzas del origen de la complejidad celular que nos dio vida como seres humanos.

Para el investigador Lane, la vida tiene una arquitectura peculiar e inesperada, pues tiene una relación eléctrica interesante. Es decir, según palabras del doctor Lane: “la actual fuerza del campo eléctrico es de 30 millones de volts por metro, lo que es equivalente a la descarga de un rayo eléctrico. Nosotros heredamos esa carga en los huevos de nuestra madre, como una carga ininterrumpida durante millones y millones de años hasta nuestras células de hoy en día. Esa carga no se ha apagado. Es decir lo que tenemos en nuestras células es una diferencia en la concentraciones de protones entre un lado de la membrana y el otro lado de la membrana, lo cual da una carga a través de las membranas”.

Otro punto central de Nick Lane es en relación a que hace aproximadamente 2 mil millones de años, una célula se metió dentro de otra, como en la endosimbiosis, modificando toda la estructura y arquitectura celular, y además soltando esa carga eléctrica que hace que las cosas puedas ser grandes y complejas.

El objetivo de toda esta explicación es para ejemplificar muy sintéticamente una pequeña parte del camino evolutivo que hemos seguido, en donde los principios básicos de cooperación celular, así como de absorber y transmitir información genética y memética se refuerza con lo que dijo Erwin Shrödinger en su libro What is Life?, en donde explicaba que existen dos puntos clave:

  1. Que la vida se resiste a la tendencia universal de decaer, es decir del incremento de la entropía (desorden) que se estipula en la segunda ley de la termodinámica.
  2. Que el truco de la evasión local de la entropía se encuentra en los genes.

Totalmente de acuerdo con lo anterior, pero agregaría, como ya lo hemos expresado, a los memes, que son ideas que se impregnan en cualquier disparo neuronal, de un ser vivo hecho de carbono, similar a lo que sucedió cuando nuestra curiosidad nos hizo salir del agua. Sin olvidar que este mecanismo de la vida, seguramente se replicará en los organismos de inteligencia artificial que se desarrollen en el futuro.

Aunado a esto, pienso que así como la endosimbiosis, referida como la asociación de un organismo que habita dentro del interior de otro, explicado así por Wikipedia, vendrá ahora una nueva simbiosis en donde los seres humanos podremos mover nuestra carga eléctrica hacia organismos inteligentes de forma artificial, es decir cambiarnos de receptáculo hacia uno que pueda tener una vida útil mucho más longeva y donde el conocimiento se potencie de forma exponencial, como se ha descrito en la singularidad de Ray Kurzweil.

Para cerrar esta colaboración quisiera preguntar ¿Cuántos de ustedes están despiertos? Pues después de observar el gran analfabetismo funcional latente y creciente en diversas sociedades del orbe, parece que muchos están dormidos y sometidos por una clase corrupta e ignorante, por ello considero necesario que quienes argumenten estar despiertos, limitemos la entrada a estos pseudo sapiens, pues más que un aporte para la nueva simbiosis de carbono e inteligencia artificial, serían un virus destructor de huéspedes que limitaría nuestro siguiente paso eléctrico endosimbiótico al pasar nuestros genes y memes a los bits y bytes informáticos.

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