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El miedo a la multitud y el condicionamiento

Rodrigo Soto Moreno

Edward Cole, personaje de la película “The Bucket List”, interpretado por Jack Nicholson, nos dice: “si la vida me enseñado algo, es que el 95% de las personas está equivocada”. Gran reflexión y afirmación, restándome solo estar totalmente de acuerdo.

Curiosamente nos hemos dado cuenta, gracias a otras colaboraciones, que uno es nuestro comportamiento como individuos y otro cuando nos incorporamos a una multitud o manada.

Elias Canetti nos había dicho que nos incorporamos a una multitud y lo hacemos porque tenemos ese medio a ser tocados por lo desconocido, como si deambularán los “demonios” o Spawn (personaje de McFarlane) en la oscuridad y estuvieran ansiosos de tocarnos, mientras nosotros tratamos de eludirlos. Todo esto claro desde una perspectiva psicológica o desde nuestros infiernos mentales.

Canetti también nos dice que cuando el hombre se incorpora a una multitud, lo que yo llamaría una manada, es cuando puede sentirse libre del medio a ser tocado y es solamente ahí cuando nos transformamos, pues gracias a la multitud densa y el contacto cuerpo a cuerpo, resulta en que el hombre ya no se dé cuenta de que es aprisionado por extraños y es tocado por los mismos.

Cuando el hombre se une a una multitud, a una manada, pierde el miedo a ser tocado; un ejemplo claro es cuando vamos al estadio a ver un partido de fútbol y ante la celebración de un gol, no nos importa quién nos toque, independientemente si son personas de uno u otro género, pues estamos embelesados por el festejo de la multitud o manada.

Siguiendo con Canetti, tenemos los atributos de una multitud:

  1. Las multitudes siempre quieren crecer. Esto a razón de que no existen límites para su crecimiento. Aún aquellas que son englobadas por una institución en particular.
  2. Dentro de la multitud existe igualdad. Canetti habla de que dentro de una multitud existe igualdad desde la premisa: una mano es una mano y un brazo es un brazo.
  3. Las multitudes aman la densidad. Nada puede estar entre sus partes o dividirlas. Nunca se puede sentir demasiada densidad en una multitud.
  4. La multitud necesita de una dirección. Se debe mover hacia una meta en particular y esto es esencial para la existencia de la multitud.

Este último punto es muy importante, pues cuando no tenemos un objetivo claro en la multitud, podemos ceder hacia la emoción, dejando a un lado la razón.

Aunado a todo esto no es de extrañarnos que los políticos jueguen con las encuestas par argumentar que van en primer lugar y el pueblo los prefiere, buscando ejercer una influencia psicológica y social para que nosotros votemos por ellos y nos sumemos a su inminente victoria, pues a los seres humanos nos agrada compartir cierto triunfo, como nos sucede como hinchas de fútbol, pues cuando gana nuestro equipo, sentimos que nosotros también somos campeones, a pesar de no haber puesto un pie ni siquiera en la banca. Haciendo un breve paréntesis, es mucho más fácil irle al Real Madrid o Barcelona versus las Chivas Rayadas del Guadalajara (como un servidor), pues se encuentran peleando el descenso en la liga de fútbol mexicana.

En este sentido nos preocupa que el conocimiento científico y tecnológico tenga un espacio importante, pues nos damos cuenta que los medios masivos de comunicación utilizan el analfabetismo funcional de la población para condicionarnos; situación perfectamente ejemplificada en la película de Luis Estrada: “La Dictadura Perfecta” y para quienes no la hayan visto, los invito a hacerlo.

En este contexto, me he dado cuenta, en el paso de los años y gracias al razonamiento científico, me he dado cuenta que la oscuridad física (miedo a ser tocado por lo desconocido como por el Spawn de McFarlane) es superada por la oscuridad mental, siendo esta última la que juega con nuestra mente y nos lleva a pesadillas vívidas a la hora de conciliar el sueño, cediendo a la emoción y no controlando nuestro proceso cognitivo.

Siguiendo con Canetti, si bien una multitud puede aliviar esa repulsión a ser tocado por lo desconocido, también es necesario que estemos conscientes del objetivo que tiene ese grupo, al que nos incorporamos, pues puede tratarse solamente de una manada y caigamos en el analfabetismo funcional abandonando la razón y abanderando la emoción, como suele pasar en el frenesí descontrolado al ver partidos de fútbol.

Pero el mayor miedo que debemos tener es a una sociedad sin conocimiento, sin cultura, sin ciencia, sin tecnología propia, a una sociedad que aunque se jacte de saber leer y escribir puede no pensar y estar a la merced del condicionamiento de los medios masivos de comunicación, como lo hemos experimentado principalmente con la televisión y también a merced de aquellos que ostentan el poder, como sucede en este país; entonces la única forma de evitar esto es refugiarnos en el pensamiento crítico, en la razón y no cediendo a la multitud, conservar nuestra individualidad, nuestra tasa de procesamiento neuronal y preguntarnos el objetivo de esas multitudes o manadas a las que nos incorporamos para caer como “perros de Pavlov” en un condicionamiento social.

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