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Empatía en los cerdos

Rodrigo Soto Moreno

Los seres humanos continuamos presumiendo que somos la especie dominante del planeta, además de argumentar que somos la cúspide de la evolución, llegando al escándalo mismo de erigirnos como el sentido mismo de la creación. Pero como lo ha comentado el gran Stephen Jay Gould, realmente somos un arbusto o una rama lateral del gran árbol de la evolución.

Nuestra presunción tiene muchas aristas, pero principalmente se basa en el cerebro, en nuestra caja de procesamiento neuronal, en donde nos jactamos de poseer gran capacidad para procesar datos y nuestra inteligencia que nos ha permitido cambiar el mundo, algunas veces para bien y otras para mal. Aunado a esto, hemos inferido que somos la única especie que puede generar emociones complejas como reír, llorar, deprimirnos, excitarnos de alegría, pero sobre todo el contar con empatía; aunque como lo comenta Felicity Muth, en su escrito “Can pigs empathize?”, publicado en Scientific American, a veces dudamos de que ciertos seres humanos puedan tener empatía, sobre todo cuando vemos o leemos las atrocidades que somos capaces de cometer.

En otros escritos, un servidor, ha compartido que otras especies de animales cuentan con empatía, sintiendo dolor, tristeza, como es el caso de los elefantes, de los delfines, quienes se quedan cuidando o custodiando los cuerpos inertes de sus conocidos, amigos u animales de su comunidad a quienes sintieron aprecio, similar a lo que haría un ser humano con la pérdida de un ser querido.

Entrando en tema, relacionado al escrito de Felicity Muth (Can pigs empathize?), se sabe que lo cerdos son inteligentes, pero ahora además de eso, gracias a diversos estudios, de un grupo de científicos de la Universidad de Wageningen en los Países Bajos, se analizó el estrés y la felicidad en estos animales, sobre todo para tratar de contribuir en las granjas donde se les cría, para el consumo humano.

En el estudio se separaron 16 grupos de 6 cerdos cada uno y los fueron entrenando para anticipar algo malo o algo bueno. Lo malo estaba relacionado con el aislamiento social o confinarlos en espacios reducidos, mientras que lo bueno estaba relacionado con cierto tipo de comida. En este sentido se acompañó que la música de Bach era sinónima de que venía algo bueno, como por ejemplo un premio alimenticio y los cerdos empezaban a gruñir y mover sus colas porque venía la comida; por otro lado también se les entrenó o condicionó a que al escuchar una marcha militar, venía algo malo, como ponerlos en confinamiento, entonces ponían las orejas hacia atrás, orinándose y defecando por el estrés que sentían.

Podemos sintetizar el comportamiento aunado a la música de la siguiente forma:

Bach = Algo bueno = Comida o premio alimenticio = mover la cola y gruñir de placer.

Marcha militar = Algo malo = Aislamiento social o confinamiento = orejas hacia atrás, orinaban y defecaban por el estrés manifiesto.

Posteriormente se colocaron a cerdos ingenuos o que no estaban entrenados para reaccionar con la música, al estilo de Pavlov; sin embargo presentaron un contagio emocional, pues cuando vieron que sus amigos o compañeros reaccionaban de “x” o “y” forma, se ponían contentos o en alerta con estrés, según fueses el caso. Los cerdos primerizos o ingenuos entendían el sentir de su símil y se contagiaban de esa emoción, mostrando características de empatía.

Recordando otras investigaciones y otros escritos, tenemos que primates, delfines, elefantes, perros, gatos, ratas, muestran empatía para los mismos de su especie y en ocasiones nos han sorprendido cuando lo hacen también para otras que no son de su familia, estirpe e incluso de su clasificación científica.

Yo disto mucho de ser un vegano o vegetariano, pero gracias a mi compañera de vida, Yael Ureña, he aprendido a cambiar la dieta y cuidar mi organismo y espero también que el lector piense un poco, cuando en la siguiente comida que vaya a degustar, le ofrezcan algún producto derivado del cerdo.

Lo cierto es que todos los animales sienten, tal vez algunos más que otros, pero en su aferre a la vida procesan sentimientos tanto de alegría como tristeza y quien no comprenda lo anterior debemos decirle, con todo respeto a los cerdos: “No debemos aventar margaritas a los puercos”.

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